El río

Andrés Recio
Digo risa y digo río, en este otoño, donde es un grito pálido tu lecho renacido. Digo río y digo fragante memoria de los sentidos, serpenteante lámina de plata, lánguida, bajo descomunales eucaliptos, entre sauces que despliegan sus verdes melenas acariciando tus espumas leves, remecidas entre juncias, retamas y chopos señoriales. Digo río y digo vida que se luce en gráciles saltos de acrobáticas ranas de croar enamorado, en peces que escabullen su timidez resbaladiza velando el miedo de sus ojos de cristal entre guijarros pulidos, para ayuntarse luego corriente abajo, en los descansaderos, resplandecientes, apacibles en reposo somnoliento.

Digo río y digo pozas, hondas, de verdinosos baños entre cañaveral espeso, de risas infantiles resonando azules, a lo lejos, en las viejas cortijadas y en los oídos del labriego, subido en su borriquilla con monótono balanceo, canturreando fandanguillos camino del pozo viejo de piedras verdinegras y brocal asediado de mastranto y yerbabuena. Digo río y me nacen orillas en los ojos, y ganados cebados en los rastrojos de tórridos estíos, trashumantes de tus riberas con su repiqueteo de cencerros de guías, los de machos de piara y los de madres de nerviosas crías. Este año alargó su tiempo mi río hasta atracar en los apeaderos del otoño con vida, como antes solía hacerlo y olvidado lo tenía.

El río.Vamos al río."¡Qué triste es amarlo todo sin saber lo que se ama!". ¡Escucha! Retumba el canto del poeta mecido en las acacias: nunca olvides que "Suspiros" se llama mi río, y "Esperanza" también se llama. Hoy digo río y es un renacer de cenizas entre aguas tempranas: mansas o pizpiretas, misteriosas bajo el puente y soberbias en la quebrada. Acebuches y coscojas, sabina amartelada, zarzas y carrizos, polluela aspaventada. Todos te celebran. Y tú trotando vienes por sendas solitarias, con oropeles de vida ubérrima, desprendida, engalanada.Digo río y me brota frondoso un techo sobre un lecho que huye hacia el norte, discurriendo, buscando a su padre sabio, rico, grande de famas, para fundirse en sus brazos, y allí entregar su nombre a otros nombres milenarios. Digo río y digo cinta de agua muda, tibia, perfumada, entre rastrojos empinados y alquerías olvidadas, entre fuentes y fosas, recopilador de memorias de piedra arenisca, de los manantiales de las alturas, de la primera materia prima bautizada de rocíos y de nieblas matutinas, bendecida por pastores y bolleros; por la porcada de las claras del día. Este otoño aún ríe mi río. Con su risa tenue, humilde. El del pequeño cauce de niño. Menudos pies en equilibrio sobre las piedras pulidas de tu lecho amarillo. Pero es otro tiempo, y hoy digo río, y suena a juez del progreso en sus versos doloridos. Por eso digo río como antes. Y es tu nombre serpiente de agua, juncia y galápago, sangre en caña tronchada. Memoria de enea desbordada en romerías, sombreada entre ribazos, revoltosa de mocitas, carnavales y "gangarros".

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