Editorial
Tribuna Libre
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Marcos MartÃnez
La que se está liando en nuestro pueblo. El posible traslado de los juzgados parece que traerá bastante cola. Que se lo llevan, que no, que quizás, que bueno. En definitiva, una vez más, se juega al escondite con temas importantes. Ante todo interés polÃtico, por favor.
Pienso, que no debemos alarmarnos, no pensemos en un traslado por antojo de algún polÃtico superdotado -mental y no genital, se entiende-. Si no se cambia el lugar donde sus señorÃas reparten algo parecido a la justicia, pues nada, todos felices y a vivir que son dos dÃas. La contraria, que un dÃa vemos al camión de mudanzas cargando a muebles y funcionarios por igual, pues nada, apretemos el culo y aprovechemos el futuros lo mejor que podamos.
Como decÃa, nada de alarmas, que no cunda el pánico. El peor de los escenarios que se maneja es el bye-bye de la diosa justicia a otro pueblo más merecedor de ella. Pues, nuestro pueblo, cual ave Fénix, se levantará y remontará el vuelo. ¿Cómo? Fácil, aprovechando la nueva situación que se pueda crear. Lo explico:
ImagÃnense, ese edificio recién estrenado, vacÃo, sin muebles, sin imputados por corruptelas o por choris de poco glamour. Pues ya lo tenemos, colocamos allà el hospital. Ahora alguien me dirá que aquello solo tiene una planta. Bueno ¿y qué? Acaso, ¿podemos pensar que cuando la sanidad tengamos que pagarla vamos a llenar el chiringuito? Además le sumamos que si alguien se pone enfermo y falta al currelo, su jefe, le puede proporcionar el finiquito con una sonrisa de oreja a oreja. Asà que no lo llenamos de ninguna manera. Pero lo tengo todo pensado. Si necesitamos más espacio, ¡tatachán! El centro comercial lo utilizamos y ya tenemos un complejo sanitario como el virgen del rocÃo. Cuanto caché le darÃa el tinglado a este pueblo. Lo que pedirÃa humildemente es que los proveedores de tan magnánimo proyecto, firmaran un documento que permita publicar a quien se le va dar la viruta de todos los ciudadanos, que después pasa lo que pasa. Reconozco que dar publicidad en este punto dificultarÃa enormemente el pasteleo, suspicacias, la adquisición de comisiones ilegales y otros desmanes. Pero no podemos tenerlo todo. Todo sea por el faraónico proyecto.
Por otro lado, podrán pensar que si el juzgado va para otro lado, supone una incomodidad para trabajadores y para el propio ciudadano. Cierto, pero también existe arreglo. Comprendo que el funcionario tendrá que desplazarse y ello acarrea un gasto extra. Pues aquà el remedio. Imaginemos que necesito un documento del juzgado, se lo digo al diligente funcionario que se encargarÃa de traérmelo. A cambio, le dono cinco eurillos para gasolina. Ven, estimados lectores, como nos quejamos por vicio. Dejen que nuestros iluminados polÃticos hagan su trabajo y no nos dediquemos a mal meter.
Y casi se me olvida, el helipuerto, ese sÃmbolo de infraestructura dejado en nuestro pueblo por los visionarios que sabÃan de la importancia de las comunicaciones. TendrÃamos que hacer un esfuerzo económico y pagar para que alguna empresa lo arrancara como una mala hierba y lo colocara en el aparcamiento del eroski. PondrÃamos una letra E grande, como publicidad del supermercado y de camino los visitantes creerán que hemos escrito la sigla de helipuerto sin hache. Este detalle provocarÃa la creación de chistes sobre nosotros. Con ello nos hacemos tan famosos como Lepe y más visitantes para el pueblo. Asà pues, mejor sin juzgados.
Sit tibi terra levis.