Diarrea mental

Marcos Martínez
En estos días, asisto con cierto pesimismo a la ratificación de una sospecha que tenía desde hace bastante tiempo. El ser humano, en muchos casos, no piensa muy distinto de lo que pueda hacerlo una ameba. Sí, ya sé que nuestro cerebro tiene características que debieran marcar notables diferencias con el citado protozoo, pero los comentarios vertidos por no pocos de nuestra especie, hacen pensar que la evolución humana no sólo se ha detenido sino que además está en evidente retroceso.

He llegado a tan penosa conclusión de la realidad como consecuencia del amplio abanico de comentarios, opiniones y respuestas que han surgido tras la acogida por parte de nuestro país de los rescatados en el Mar Mediterráneo. Hasta ahora, hablar del Aquarius era hablar de la conocida bebida, sin embargo, ahora sabemos que bajo este nombre encontramos varios cientos de historias de sufrimiento y dolor.

No ha sido ninguna sorpresa que el ministro de interior italiano, Matteo Salvini (también es paradójico que su apellido recuerde a la palabra salvar) negara la ayuda al barco y los abandonara a su suerte. Lo que me sorprende son las personas que encontramos en la pescadería, tomando café o paseando al perro, y que intentan argumentar (con una simpleza más característica de los primates que de los homínidos) que no se debe rescatar al barco: los hay que defienden que acoger al Aquarius tendría un "efecto llamada" o que primero están los españoles. Eso sí, normalmente, estos que tanto defienden a los ciudadanos de este país pocas veces se les ve ayudando al compatriota que recoge comida de los contenedores o intentando evitar que se tire desde la azotea porque le quitan su casa.

Estos son los peligros de la simplicidad de pensamiento, es decir, de pensar como una ameba. Aunque, mientras el microorganismo causa diarrea en los organismos que parasitan, la ausencia de raciocinio causa la peor de las epidemias que puede sufrir un país: la diarrea mental de sus ciudadanos. Mal futuro dejamos a nuestros hijos si preferimos que se repitan las imágenes del pequeño Aylan, el niño que apareció ahogado en una playa turca, a que unos náufragos sean atendidos en nuestro país.

Sit tibi terra levis.

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