Yo vine a la política a quedarme, y no me echa nadie

Carlos Ortén
Sábado, 25 de enero, son las 15:07, pongo la TV, Tele 5, noticias, aparece el ministro de Fomento, o no sé cómo lo denominan ahora con tantos cambios, ah, sí, de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. Que me expliquen por qué hay una agenda urbana y no existe una agenda de transporte, y una agenda de movilidad, estos con las palabras nos van a volver locos. He llegado a pensar que eran “marcianos”, por su forma de hablar.

Pero no, la prueba la tenemos en las declaraciones de nuestra ministra, sí, aquí sí que admite la Real Academia de la Lengua y, sobre todo, el pueblo, la palabra ministra. Como iba diciendo, hace unos días me di cuenta de que no eran marcianos, no; las palabras de Isabel Celaá “los hijos no son de los padres” me sorprendieron gratamente (he dicho las palabras, no la cuestión en sí). Cuando quieren, saben hablar como el resto de los humanos. Por una vez no nos machacaron con sus ya famosas frases: Las hijas y los hijos no son de las madres y los padres. ¡Oye que no!, que cuando quieren hablan como nosotros. Tampoco usaron el lenguaje no sexista. La verdad que hubiera sonado muy mal: los descendientes no son de sus progenitores, suena raro.

Pero volvamos al tema, al que dice que a mí no me echa nadie, me recuerda al clásico “chulapa” de Chamberí. Hace diez o veinte años a ningún político se le hubiera ocurrido decir tal exabrupto, pero teniendo a Pedrito como presidente no es de extrañar que lo intenten imitar, aunque ninguno le llega.

El hijo del torero Heliodoro Ábalos “carbonerito” y nieto de guardia civil, cogobernando con quienes quieren abolir los toros y quitarle el carácter militar a la guardia civil, manda huevos, las vueltas que da la vida. Pero es igual, a él no le echa nadie, se sabe acomodar a los acontecimientos rápidamente. Empezó en el partido comunista pero no debió ver un gran porvenir en ese partido, resultado, a los cinco años de comunismo se pasó al socialismo.

Aquí, hay que reconocer, tuvo una vista de lince, ante el destronamiento de Pedro Sánchez fue de los pocos que apostó por él, y se mantuvo leal. A la larga, esa lealtad le ha llevado al puesto que está, se le considera el número dos del PSOE, con permiso del gurú Iván Redondo.

No quiero entrar en la polémica de la visita a la vicepresidenta venezolana. Toda la UE la tiene en busca y captura y un ministro español se reúne con ella, increíble. Simplemente me quedo con “Yo vine a la política a quedarme, y no me echa nadie”. Me gustaría saber qué piensan sus votantes, ¿hay alguien que lo ve normal? Donde ha quedado el clásico “a la política se viene a servir, no a servirse de ella”.

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